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Escrito por armonia198o
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MIERCOLES 02 de JULIO de 2008 23:16 |
La Metamorfosis del Vampiro.
La dama, entre tanto, de su labios de fresa estremeciéndose como una serpiente entre brasas y amasando sus senos sobre el duro corsé, Decía estas palabras impregnadas de almizcle: Son húmedos mis labios y la ciencia conozco de perder en el fondo de un lecho la conciencia, Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales. y hago sonreír a los viejos con infantiles risas. Soy para quien sepa contemplarme desvelada, la luna, y soy el sol, el cielo y las estrellas. Yo soy, mi amado sabio, tan docta en los deleites, Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos, o cuando a los mordiscos abandono mi busto, tímida y ligera y frágil y robusta, Que en esos cobertores que de emoción se rinden, Impotentes los ángeles se perdieran por mí.
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula y muy lánguidamente me volvía hacia ella A fin de devolverle un beso, sólo vi rebosante de pus, un cáliz pegajoso. Yo cerré los dos ojos con helado terror y cuando quise abrirlos a aquella claridad, A mi lado, en lugar del fuerte maniquí que parecía haber hecho provisión de mi sangre, en confusión chocaban fragmentos de esqueleto, De los cuales se alzaban chirridos, como los de una agria e infernal veleta, o los de un cartel, al cabo de un vástago de hierro, que acaricia el viento en las noches de invierno.
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